viernes, 6 de mayo de 2011

miércoles, 4 de mayo de 2011

Sexo en Madrid _ 2x04_ Single Paradise


DOS MESES ANTES...

Mi abuela siempre dice que la vida es tan simple y complicada como cocinar.

Y será el amor que le profeso, pero la verdad, es que nadie cocina como ella.

Mi abuela también me habló una vez del amor.

"Cada relación tiene su receta" "No te apresures ni te sientes" "Esfuérzate por las cosas que lo merecen" "Nunca es tarde para volverse a enamorar"

Y nunca renunció. A sus 60 años pidió el divorció a mi abuelo, luchó contra sus fantasmas y a sus 62 encontró el amor, ese amor sano y mutuo tan escaso en tiempos de actualidad. Cuando la gente me pregunta cómo ha encontrado la felicidad a sus años yo sólo respondo una sola cosa: "sabe cocinar".


Algo así ocurrió con Jacobo. Dios le colocó un hombre en su camino y él se volvió creyente. Sin prisas, tranquilo, sin la ambición que exhala impaciencia se puso manos a la obra y decidió cocinar cada día por la felicidad de cada día.

Al otro lado estaba Luis. Luis era de Tenerife, tenía 31 años y trabajaba en la administración de un hospital. Jacobo guardó su existencia con recelo, pero cuando cuatro personas conviven juntas los secretos son difíciles de guardar...

DESAYUNANDO CON JACOBO...
Lucía - ¿Me pasas el azúcar?... oye Jaco... ¿Desde cuando te despides de nadie con un beso?
Jacobo - ¿Qué?
Lucía - Ayer por la noche, sobre las tres acabé de hablar con Sergio por teléfono y tú hablabas con alguien por el móvil, y antes de colgar dijiste: "un beso...".
Jacobo - Era mi hermana

A AMBOS LADOS DE LA PUERTA DEL BAÑO...
Oscar - ¡Jaco te cojo en móvil para enviarle un "what´s up" a Carol!
Jacobo - ¡¡No!!
Oscar - ¿¿Que No??
Jacobo - ¡No! ¡Tío haber si respetas la privacidad de cada uno, mi móvil es mi móvil, si quieres las aplicaciones de un iPhone cómprate uno!!

EN LA HABITACIÓN DE JACOBO...
Juan - Jaco arréglate que salimos en media hora.
Jacobo - Yo paso
Juan - Bueno eh!!... Llevas ya un mes sin salir de fiesta!! O sales de la habitación y te vienes con nosotros o te saco internet.
Jacobo - ...que no...
Juan - ¡Vengaaaa! ¡Vamoooos! ¡A la ducha!
Jaco - Juan no me apetec...
Juan - Vengaaaaa!!!!!!!

Y me gustaría decir que fue nuestra suspicacia ante estas situaciones la que desmanteló el juego de manos que transcurría bajo la mesa... pero no fue así. Las cosas se revelaron en las condiciones en las que todo adulto comparte sus sentimientos: bajo los efectos del alcohol.

Aquel viernes celebraban en la Sala Heineken la "Single Paradise"; una fiesta a puerta cerrada para los gays solteros más codiciados de la ciudad. Oscar había conseguido librar ese día en Long Play y a cambio de unas copas en su discoteca consiguió 4 entradas para el evento más promocionado de la temporada.

Oscar - Hola, Oscar más tres. Venimos por la lista de Pablo.
Portero - Bien. Mi compañero os sellará la muñeca.
Lucía - Gracias.

Tras sellarnos las muñecas, canjear nuestras tarjetas por copas y dejar los abrigos en el ropero entramos...

Y allí estaba: la "Single Paradise"; la fiesta de de solteros gays más cotizados en el mundo de la noche que ese día estaban más contentos que nunca de no tener anillo. Cientos de chicos de revista perfectamente seleccionados por reservarse el derecho de admisión. Y entre ellos, nosotros: las cuatro notas disonantes de una canción de Bárbara Streisand.

Juan - Dios mío, ¿Alguien puede decirme dónde hemos pasado los últimos años en Madrid?
Oscar - Ocupado casándote y divorciándote cada dos meses.
Lucía - ¿Os acordáis del dicho de que los tíos buenos o están casados o son gays? Pues quien lo dijo lo publicó después de venir aquí. ¡Madre mía, hoy pagaría por ponerme un pene!
Oscar - Ya no vale ni con esas. Hemos llegado a un nivel superior: Para llevarte a casa a uno de estos necesitas un buen coche, un duplex, una visa oro y vestir como Jacobo.
Lucía - ¿Oscar esa no es Alex?
Alex - ¡¡¡Oscar!!!!
Oscar - ¡¡¡Alexxx!!! ¿Qué haces aquí?

Alex era una compañera de la carrera de cine. Su padre dirigía una productora de publicidad y gracias a los contactos de su familia no había un sólo evento social en el que ella no apareciese.

Alex - Mi padre, ya sabes...
Oscar - Ya sé. Oye ¿De donde están sacando todos esas pegatinas?
Alex - De las chicas de allí. ¿No habéis cogido?
Oscar - ¿El qué??
Alex - ¡¡El semáforo!! Si tienes pareja o no quieres que te molesten te pegas el círculo rojo, el amarillo es que no te cierras ni te abres y con el verde das luz verde a todos los solteros de aquí.
Juan - ¿Y tú por que no llevas?
Alex - Está mal visto que las chicas participen en los semáforos de las fiestas gays. Venga vamos, tenéis que poneros una!!

Segura de si misma me cogió la mano y se dirigió hacia ese par de chicas que repartían los grados de libertad cada uno. Lucía cogió orgullosa una pegatina roja, Juan una verde, Oscar optó por el amarillo y Jacobo por la abstención.

Jaco - Yo paso de esas chorradas
Lucía - Venga hombre no seas aguafiestas!!
Lucía - Que no, que paso; me voy a por una copa

Jacobo dejó tras sus espaldas nuestro silencioso juego de miradas, pero ante la falta de respuestas y la abundancia de fiestas optamos por despejar esa ecuación al día siguiente en un pacto de silencio. Pero no hubo que esperar tanto...

Un italiano abrazó a Lucía por detrás, un mensaje sonó en el bolsillo de Juan y Vincent tropezó conmigo.

Alguien dijo una vez que el pasado siempre vuelve y que las desgracias nunca vienen solas... Quien lo dijo también había estado en esa fiesta.

martes, 3 de mayo de 2011

Sexo en Madrid _ 2x03 _ Tienes un email


Dicen que cuando quieres a alguien... lo dices, de lo contrario, la oportunidad pasa.
Dicen que el amor tiene la capacidad de cambiarlo todo.
Dicen... y a veces... es cierto.




4 MESES ANTES...

El XXI nos ha regalado muchas cosas. Más allá de las redes sociales, los libros electrónicos o el wifi en los transportes públicos; la nueva era a afianzado una filosofía que años atrás se tildaba de utópica; y es que hoy por hoy, con un ordenador e internet, lo puedes conseguir practicamente todo: viajar a donde no has soñado, efectuar trámites financieros, realizar videoconferencias, trabajar desde casa, disfrutar de mil formas de ocio, realizar cibersexo, cambiar de identidad, hacer amigos o incluso encontrar el amor.

Quizá por ello en nuestro piso se cambia más de compañía de internet que de ropa; y es que sin internet, no somos nada: Juan tenía un catálogo infinito de juegos y películas con los que cubrir todas sus horas no laborables, Lucía accedía diariamente a por los menos 10 portales de búsqueda de empleo, Oscar se pasaba los días buscando material online para usar en el estudio donde becaba y Jacobo lo usaba llana y simplemente para todo: fanático religioso de la teconología Apple, en las pocas horas del día que no estaba frente a su Mac tiraba de la transferencia de datos que tenía contratada vía iPhone para satisfacer todas sus necesidades. El brasileiro se perdía así entre pestañas y ventanas de navegación y sin quererlo ni saberlo, abría puertas a lo último que buscaba.

Tras dos años de relaciones diplomáticas con Chueca y con el mundo de la noche Jacobo atravesaba una jornada de piernas cerradas sustituyendo su vida social por la ciberrealidad. Nadie sabe cómo ocurrió con exactitud, aunque puedo aseguraros que ocurrió mientras su Spotify reproducía una lista de canciones de manera ininterrumpida y el messenger lo bombardeaba a mensajes cuando un viejo contacto volvió a la vida.

Aquel chico, ese tal Luís que vivía en Canarias y del que no había vuelto a saber nada en más de dos semanas, parecía una buena opción frente a un día falto de quehaceres. Así que a golpe de teclado Jacobo y el chateante en cuestión comenzaron a hablar de nuevo. Mientras al principio la conversación con Luís se mantenía en un plano secundario, con el paso de las frases fue ganando prioridad hasta que sin ser conscientes, ambos se ensamblaron en una ciberconversación de más de seis horas donde los temas e inquietudes fluían como las letras en un ordenador. Y aquello no fue más que el principio.

Como una costumbre que se elabora con descuido, callado y sin hacerlo público, esperaba con ansias el momento de encontrarse cada tarde con ese chico de fuera de la península. Tras la luz verde que se muestra cuando alguien se conecta ambos comenzaban a teclear con prisa, ansiosos de leer respuestas, de hacer gracias, de obtener sonrisas, guiños, compañía, ilusiones... quien sabe.

En un siglo donde quizá la gente se sienta más sola que nunca internet resulta que encuentra aquí su punto de mayor utilidad; la posibilidad de poner en contacto a gente que el destino caprichosamente no hubiese cruzado, la oportunidad de comunicarnos con el mundo y de dejar entrar al mundo en nuestra casa.

Nadie sabe como empezó todo, pero dos desconocidos se cruzaron en la red y al paso de las tardes comenzaron a dejar de serlo. Cada tarde desnudos, el uno frente al otro, cosieron a golpe de palabras el entramado necesario para abrir un nuevo capítulo en la vida de cada uno de ellos, y en consecuencia, de Sexo en Madrid.



lunes, 2 de mayo de 2011

Sexo en Madrid _ 2x02_ Delante de un gato hay un ratón


600.000 personas sufren en Madrid de estrés o ansiedad.


5 DÍAS DESPUÉS. VENTANAL DEL SALÓN.

Jacobo - ¿Cómo lo lleva?

Lucía - Bueno... aunque ya come algo y ayer logramos que perdiese un poco el miedo a estar en la calle aún le asustan muchas cosas. No sé, es como si de repente todo lo viese como una amenaza: cosas tontas como los supermercados, los sitios cerrados, la noche o el metro. No sé Jaco... es subrealista.

Jacobo - Aún no me puedo creer que de un día para otro a alguien le pueda ocurrir algo así.

Lucía - Pues ya ves...

Jaco - ¿Ya se sabe a qué se debe?

Lucía - Hasta la semana que viene no tiene cita con el psiquiatra

Jaco - ¿Y va a estar una semana así?

Lucía - Eso parece... Oye te dejo que ha salido de la ducha, mañana hablamos ¿Ok?



UNA SEMANA DESPUÉS. DESPACHO DEL PSIQUIATRA.


Psiquiatra - Dime Oscar, ¿Qué sientes?

Oscar - ... miedo. Siento miedo

Psiquiatra - ¿Podrías intentar explicarme lo que sientes con más palabras?

Oscar mira la alfombra. Tiene la mandíbula contraída y todos sus músculos luchan inutilmente por contener las lágrimas. Se toma su tiempo, luchando por amainar todas sus emociones y decir lo que siente de una manera ordenada.

Oscar - Me cuesta concentrarme así que...

Psiquiatra - Tranquilo, después de un episodio así es totalmente normal. La concentración y la memoria tienden a fallar.

Oscar - Tengo 24 años. En estos 24 años he sobrevivido a cosas a las que uno nunca debiera tener que sobreponerse. La vida es así, hay personas que tienen que enterrar a sus padres, hay personas de las que abusan sexualmente, hay personas que tienen miedo de llegar a casa y que les den una paliza. Hay cosas que uno no debiera tener que vivir, pero esas cosas pasan, pasan y te sobrepones, lo haces, afrontas los problemas porque quieres un mañana... Yo afronté cada uno de mis problemas y salí de ellos. Salí de ellos porque toda mi vida he querido un futuro lejos del pasado. Y me esforcé, lo hice, luché, luché mucho...

El doctor pone en medio de la mesa un paquete de clinex. No parece ser inusual que la gente llore entre esas cuatro paredes.

Psiquiatra - Tranquilo, aquí puedes decir lo que quieras, llora si lo necesitas, suelta lo que lleves dentro, ¿De acuerdo?

Oscar - Luché para olvidar mil cosas y ahora estoy aquí... ahora estoy aquí, ¿Lo entiende? Ahora mismo estoy hablando con un psiquiatra y es..., .... estoy hablando con un loquero porque de repente, de un día para otro, todo me da miedo, es como si... como si me hubiese vuelto totalmente loco.

Psiquiatra - ¿Porqué dices eso?

Oscar - ¿Porqué? Hace una semana he vivido el peor momento de toda mi vida. ¿Sabe lo que es eso? ... ¿Sabe lo que es perder el control hasta tal punto que no puedes ni pensar, ni respirar, ni andar, ni hablar? ¡Desde hace una semana me da miedo despertarme, me da miedo dormirme, el sonido del tráfico, las noticias, el bus, el metro, hablar, quedarme callado, pensar, sentir, ¡¡Todo!! ¡¡Todo me da miedo, mi corazón se desboca ante la cosa más mínima del mundo!! Y cuando no estoy al borde de un ataque cardíaco estoy tan drogado por esas pastillas que no puedo ni razonar.

El psiquiatra escribe sin parar en su cuaderno, inmune a toda emoción, ajeno a la realidad de la persona que tiene enfrente. Cuando el boli se frena su vista recorre brevemente todo lo escrito y se prepara para hablar.

Psiquiatra - Oscar no estás loco. Hace una semana tuviste un ataque de pánico que te ha dejado la secuela de una ansiedad generalizada. Lo que te ocurre es lo mismo que le ocurre a un ratón frente a un gato

Oscar - ¿Perdón?

Psiquiatra - Cuando pones a un ratón frente a un gato el ratón empieza a poner nervioso y reacciona por un sólo impulso: escapar. Por ello respira muchas veces en poco tiempo; para llevar oxígeno a todo el cuerpo, sus pupilas de dilatan, su cuerpo se pone rígido, preparándose para huir, la sangre va a las articulaciones, por eso hormiguean pies y manos, y el cuerpo centra sus esfuerzos en ello, por eso la memoria o la concentración fallan. Tu cuerpo y tu mente están sintiendo que tienes un gato detrás. En lo que tenemos que trabajar es en matar a ese gato.



2 DÍAS DESPUÉS. AEROPUERTO DE MADRID

Lucía - ¿Recuerdas nuestro verano en Valencia?

Oscar - Si

Lucía - ¿Recuerdas las tardes tomando el sol con caipiriñas y mirando los chicos en bañador? ¿Recuerdas lo feliz que éramos? ¿Lo recuerdas? Pues te prometo, TE PROMETO, que volveremos a Valencia, iremos a nuestra playa, nos sentaremos a ver los chicos en bañador, pediremos dos caipiriñas y volverás a sentirte feliz.

Oscar - ¿Me lo prometes?

Lucía - Te lo prometo.

Los brazos abrazaban el cuerpo, los ojos cerrados, los te quieros a susurros, las manos apretándose con fuerza a la piel, las voces quebradas, los ojos llorosos. Cuando ambos sienten que están preparados para separarse aflojan, poco a poco, y se miran, se ríen, se sonríen, se quieren, se lo dicen.

Lucía - Hablamos, todos los días ¿De acuerdo? Todos los días.

Juan - Chicos, poneros ahí para una foto



Y así fue. Lucía volvió a Castellón y Oscar se quedó en Madrid con Juan y Jacobo. Durante los siguientes tres meses hablarían todos los días, y tiempo más tarde ambos estarían en una playa en Valencia, viendo a los chicos en bañador, sin caipiriñas... pero felices.


domingo, 1 de mayo de 2011

Sexo en Madrid _ 2x01_ Tengo algo que contarte

La vida es como una serie. Vivimos capítulos, atravesamos temporadas. Podemos pasar meses sin que nada ocurra y en un día puede ocurrir de todo.


4 Meses después. Hospital Gregorio Marañón.

Un pasillo blanco con luces blancas envuelven un silencio sólo roto por el frío sonido de su taconeo. Lucía corre todo lo rápido que puede. Al doblar la esquina se encuentra con Juan frente a la puerta del Box de Urgencias. Tiene mala cara y está visiblemente asustado. Lucía decide respirar, respirar por ambos. En cuanto Juan la ve ambos corren a abrazarse.

Juan - Me alegro de verte. Estás preciosa.

Lucía le sonríe.

Lucía - ...¿Qué ha pasado?

Juan - No lo sé Lu... yo estaba en casa y él también, yo..., yo salí de la habitación a la cocina..., él estaba hablando con su hermana y cuando crucé por él salón estaba allí y... y no sé... no sabía que hacer...

A Juan le costaba hablar, parecía estar en estado de shock. Lucía agarra sus manos y lo mira a los ojos.

Juan - Él respiraba sin parar, como si se ahogase, estaba con una mano en el suelo... respiraba rápido y creía que se ahogaba... estaba pálido, apenas podía hablar y... yo no conseguía que respirase así que llamé a una ambulancia. Hace ya dos horas que está ahí dentro y no me dejan pasar. Él estaba nervioso, no quería estar sólo pero no puedo pasar...

Lucía - Hey... está bien... tranquilo... está bien... - Lucía lo abraza de nuevo - ¿Han dicho algo los médicos?

Juan - Dicen que fue un ataque de ansiedad

Lucía - ¿Un ataque de ansiedad?

Juan - No lo sé. Yo de estas cosas no entiendo; él parecía estar bien y de repente... no lo sé... sólo sé que le han dado tranquilizantes y hasta que esté estable prefieren que nadie entre. No he podido verlo.

Lucía - Está bien, no te preocupes ¿Ok? Estate tranquilo.

Juan - Sí... estoy bien.

Lucía - Vale

Juan- ... ¿Y tus maletas?

Lucía - Las tiene Sergio.

Juan - ¿Sergio está aquí?

Lucía - Sí, está en la cafetería. No me dejaban pasar con ellas así que se quedó en la cafetería esperando. Voy a llamarle, estate tranquilo ¿Vale?

Lucía saca su móvil del bolso y nerviosa intenta llamar a Sergio.

Doctora - Señora, lo siento pero no se pueden usar móviles en Urgencias.

Lucía - Ah... lo siento. Saldré fuera.

Doctora - ¿Es usted familiar de Oscar Lojo?

Lucía - Sí, nosotros dos. Él... ¿Está bien??

Doctora - Está estable, podéis pasar a verlo de uno en uno, pero no lo alteréis: intentad que esté lo más calmado posible ¿De acuerdo? Le hemos administrado Diazepam así que no os asustéis si lo encontráis aturdido.

Juan - Doctora

Doctora - ¿Sí?

Juan - ¿Podemos hacer algo?... Me refiero... ¿Tiene alguna clase de secuela o algo?

Doctora - Hoy en día los ataques de pánico son muy comunes, sin embargo debemos derivarlo a psiquiatría para que le hagan una evaluación psicológica y determinen si sería, o no, necesario que siguiese algún tipo de terapia o tratamiento farmacológico. Lo único que pueden hacer es estar a su lado... los próximos días le resultarán difíciles. Los veré luego para darle el alta.

Ambos observan cómo la doctora se aleja. Ninguno se hubiese imaginado en una situación semejante un par de meses atrás. Lucía decide reaccionar por ambos.

Lucía - Escucha, vete a la cafetería, habla con Sergio, tranquilízate, tómate algo, y cuando estés algo mejor vente ¿De acuerdo? Si Oscar te ve así aún se va a asustar. Estate tranquilo, yo voy dentro.

Juan asiente y se queda observando como Lucía pide indicaciones a una enfermera y entra en la sala de boxes. Sigue la dirección del dedo de la enfermera y se dirige a uno de los cubículos con las cortinas medio echadas.

Ahí estaba, inmóvil sobre una camilla cubierta con ese papel blanco y arrugado. Su rostro estaba pálido, le habían sacado la camiseta y en brazo le habían colocado una vía. Sus ojos estaban entrecerrados mirando ausente la nada.

Lucía - Peque...

Lucía se acerca a la camilla y lo coge de la mano. Oscar reconoce su voz, gira la cabeza y la mira. Sonríe, sonríe de verdad.

Oscar - Te has cortado el pelo

Lucía - ¿Te gusta?

Oscar - Estás preciosa

Ambos se miran, ambos sonríen, ambos unidos de la mano. A veces los segundos de silencio entre dos personas logran cargarse de información. En ese silencio intenso ambos ocultaban el miedo, la intensidad del momento, el cariño, el dolor y toda la mezcla de sentimientos que corrían sin rumbo a través de sus dedos entrelazados.

Oscar - ¿Qué haces aquí?

Habla despacio, entre cansado y ausente, con esfuerzo.

Lucía - Me han dicho que los vestidos de Cibeles estarán rabajados mañana en un showroom cerca de Colón ¿Qué quieres? ¡No me lo podía perder!

Oscar intenta sonreír de nuevo.

Lucía - ...¿Cómo estás?

Oscar - ... confuso.

Lucía se sienta con él en la camilla, lo abraza y mantiene una mano entrelazada con la suya. Siente su respiración, cada vez más lenta, más relajada. De repente te levantas un día, tienes que cuidar a alguien y caes en la cuenta de que crecer es ayudar aún sin saber cómo hacerlo. Oscar se ha dormido, genial, ahora ya puede ser ella misma y llorar.



4 horas más tarde. Salón del piso. 3 tazas de café y un cenicero lleno de colillas.

Lucía - ¿Que tal está?

Juan - Se ha dormido completamente. Dicen los médicos que debiera tardar en despertarse pero que si se despierta y se despeja le pongamos un miligramo de esto bajo la boca.

Sergio coge el bote de pastillas - ¿Qué es?

Lucía lo observa - Tranquimacín, lo toma mi madre desde que murió su padre.

Juan - Oye chicos dormir en mi cama, yo me quedaré en un colchón al lado de Oscar por si despierta. ¿A qué hora os sale el vuelo mañana?

Lucía - Aún no lo hemos comprado. Cuando me llamaste cogimos el primer avión que estaba disponible así que no compramos la vuelta. De todas maneras hemos estado hablando y si no te importa me gustaría quedarme aquí unos días, así puedo estar con Óscar mientras tú estás en el trabajo y Jacobo sigue en Canarias.

Juan - Claro, esta sigue siendo tu casa, pero ¿No tienes entrevistas o algo en Castellón?

Lucía - Nada importante, la crisis está en todos sitios. Oye ¿Qué tal Jacobo?

Juan - Pues en las nubes, últimamente pasa más tiempo fuera de la península que en ella.

Lucía - ¿Así que va en serio?

Juan - Eso parece, con la tontería llevan 4 meses hablando todos los días y hacen uno o dos viajes cada mes para verse.

Lucía - ¿Se llamaba Luis no?

Juan - Luis si

Sergio - Chicos, yo si no os importa me voy para cama que llevo demasiadas horas sin dormir.

Lucía - Vale nene, voy ahora. Oye Jhon... ¿Y tú?... ¿Que tal estás?

Juan - Yo estoy bien. En fin, trabajando que no es poco.

Lucía - ¿Y de Josete?

Juan - Nada, no se nada. Desde que lo dejamos no volvimos a hablar. Jacobo y Oscar aún quedan con él algún fin de semana pero de momento yo prefiero quedarme al margen.

Lucía - Ya... bueno y cuéntame ¿Quien es ese Victor?

Juan - Ya veo que las noticias corren eh!

Lucía - ¿Qué esperabas?

Juan - Nada, de momento nada, paso a paso. Aún acabo de salir de una como para meterme en otra.

Lucía - ¿Y Oscar? ¿Tienes idea de por dónde ha venido todo esto?

Juan - Pues no lo sé. Ya sabes que el contrato en los estudios Solpor se le había acabado, luego te fuiste tú, se comió la historia entera de mi ruptura con Josete, yo empecé con los turnos rotativos, Jacobo con el canario... Luego hace unas semanas nos fuimos a Galicia, en Semana Santa, al principio se fue a casa de sus padres pero ya sabes que allí uno no aguanta vivo más de dos días así que se vino a Coruña y se cruzó con Nacho en la primera noche.

Lucía - Mierda...

Juan - Si. Y repitieron lo de Navidad. Se vieron, hablaron, se abrazaron, lloraron y acabaron durmiendo juntos hasta que nos volvimos

Lucía - ¿Y te dijo algo?

Juan - No, nada, no quiso hablar del tema, ni de su familia ni de Nacho ni de nada. La verdad es que no tenemos tampoco mucho tiempo para coincidir.

Lucía - A veces odio crecer.

Juan - Ya te digo.... Oye ve a acostarte anda que si no mañana vamos a estar todos para el arrastre.

Lucía - Si, tienes razón. ¿Te recojo esto?

Juan - Que va, déjalo, mañana ya lo recojo yo.

Lucía - Oye

Juan - Dime

Lucía - Me alegro de veros de nuevo.

Juan - ¿Eres feliz en Castellón?

Lucía - Mucho

Juan - Entonces yo también me alegro. Mañana hablamos.


El ser humano, nace, crece, se frustra, intenta entenderse, y muere. Nos pasamos la vida queriendo ser adultos para querer volver a ser adolescentes, pero el día en que descubres que tus padres son frágiles, cuando la muerte pasa por tu lado, cuando tienes más cosas que recordar que vivir, cuando la suma de años significa menos salud o más responsabilidades; cuando la inocencia se desvanece y la realidad se muestra... ese día, todo cambia y crecer se vuelve aterrador.


miércoles, 30 de marzo de 2011

Sexo en Madrid _ 2x00 _ Anteriormente...


¿Cuándo???

Hace mucho tiempo erase una vez 4 amigos: Juan, Lucía, Xacobe y yo.

Conocí a Juan en una cita a ciegas preparada por internet. Lo nuestro fue desamor a primera vista y tres citas después ya sabíamos con certeza que nuestra relación sería más vertical que horizontal. Lo que nadie sabía es que un mejor amigo te podía llegar desde la ciber-realidad.

En mi primer día de universidad no hubiese encontrado mi clase de no haberme cruzado con Lucía. Esa morena explosiva con cazadora de cuero sería mi compañera de clase, mi compañera de piso y cuidaría de mis pasos como ese día durante el resto de mi vida.

Conocí a Xacobe siendo el novio de Juan. Me gustaría contar que fue bonito pero lo cierto es que lo descubrí en un baño en lo que a mi me gusta llamar una situación "a cuatro patas" (nota mental: cerrar siempre con cerrojo). Un año después habrían roto, al año siguiente tendrían "sexo libre" y los seis restantes optarían por una relación a cremallera cerrada... casi siempre.


¿Dónde???

En Madrid. Aunque todos nosotros nos conocimos en Galicia y en distintos momentos de nuestras vidas, sería este quinto personaje el que nos uniría en un mismo punto, tiempo y lugar. Así, Madrid y nosotros nos conocimos una tarde de Agosto del 2008. Así, ese día, los cuatro comenzábamos el primer capítulo de nuestras nuevas vidas.


¿Porqué???

Juan a sus 30 años es un hombre pegado a tres cosas: a su Iphone, a su moto y a mi. Trabajaba de Agente de Seguridad en Galicia, cuando supo que me iba a la capital, desapareció durante dos días y volvió con los papeles firmados de su traslado a la oficina central.

Jacobo era de Ourense. Cansado de que allí su apellido fuese "marica" "muerde almohadas" o "torcido", y una vez finalizado un curso de formación superior, decidió que se trasladaría a la capital a estudiar publicidad hasta que su pueblo natal fuese capaz de asumir que alguien se había escapado del armario.

Lucía había estudiado ADE conmigo. Consecuente con su formación se trasladó a la capi para buscar el principio de su proyección profesional. Creo que el día que mandó su primer CV la palabra crisis se estrenaba en los periódicos.

Yo decidí tirar por tierra 4 años de licenciatura empresarial para comenzar con mi verdadero sueño: El mundo audiovisual. Tras una entrevista en el CES mi nombre constaba en las listas de admisión y colgaba mochila de nuevo. Eso y una relación a distancia con mi ligue de ese verano llamado Nacho.


¿Qué???


Si. Venga va, os lo resumo.

En mi primer año en Madrid estaba inmerso en una relación a distancia con Nacho pero al final del verano siguiente decidí que para amar a alguien a quien no se ve ya hay un Dios. El segundo curso empecé a trabajar en una discoteca de Chueca que me hizo "conocer varón" cada noche y cada día, acabé el curso de cine y empecé como becario en los Estudios Solpor. En medio de esta vida concilié un novio/ligue francés llamado Vincent que me duró unas tres semanas y al que le regalé mis primeros cuernos. Sí, Madrid me había cambiado, pero había algo que no logró robarme, el recuerdo de Nacho... así las Navidades nos volvieron a juntar y nuestra relación quedó suspendida en un contigo ni sin ti.

Juan?? En una versión española de novia a la fuga Juan experimentó en Madrid el síndrome de la carencia afectiva. Por ello nunca había buscadores gays suficientes a los que suscribirse, ni páginas pornográficas lo suficientemente completas para relajarse ni chicos lo suficientemente buenos como para llegar a casarse. Por el altar pasaron Carlos, Javi y Josete. Sin embargo nada ni nadie logró sacarle la sensación de estar lejos de casa. Aquello que los gallegos llaman morriña se filtraba por cada poro de su piel. Por ello cada mes cogía su coche y ponía GPS destino Coruña.

Lucía?? Cualquiera que conociese a Lucía en la facultad sabía que el futuro de Lucía no tendría techo. De Lugo a Coruña y de Coruña a Madrid. Una vez envuelta en 6 millones de habitantes dejó su currículum en 6000 empresas, pero la crisis financiera la dejó en un mal trance así que tras 6 meses optó por ganar experiencia y por un sueldo de 600 euros aceptó un puesto de becaria en una sucursal financiera. En la parte cándida de la vida dejó el hábito victoriano y vivió la experiencia del sexo libre bajo la mano de un italiano que dominaba la mejor de las lenguas romanas. Una vez le dio la extradición al italiano se fue a Castellón con Juan para tomarse unas vacaciones y volvió con un prematuro bronceado y una sonrisa en la cara. Se llamaba Sergio y lo que empezó siendo un coqueteo de miradas se convirtió en una marea de llamadas diarias durante semanas y semanas.

Xacobe?? Jacobo, quiero decir, Xacobe, vio en Madrid la oportunidad de rellenar todos sus vacíos existenciales, los agujeros de su alma y sus necesidades vitales, todo junto. Y como Madrid tenía mucho que ofrecer y Xacobe mucho que aceptar, ambos se cogieron de la mano siendo este el principio de una gran amistad. A medio camino se cruzó con un brasileiro de 42 años que aparentaba 32 y vivía como uno de 22. Y como todos queremos aquello que no podemos tener Xacobe eligió como polvo de repetición al único madrileño que antes de ponerse un anillo se hacía un edema. Tras la frase de nos estamos conociendo Xacobe y el "brasi" se quedaron en la primer fase una de cualquier relación: el me caes muy bien pero vístete pronto que después viene otro. Cuando el ego de Xacobe se vio en peligro se sometió a un proceso de desentoxicación haciendo que sus días dejasen de ser jornadas a puertas abiertas para evolucionar a algo mucho mayor.


¿Cómo?

La vida no entiende de semáforos en rojo y en una ciudad de 6 millones de habitantes con todos los semáforos en verde está claro que en un momento o en otro... algún accidente tenía que haber.