lunes, 21 de marzo de 2011

Sexo en Madrid _ 1x03_ Luz verde, luz roja


365 días al año, 7 días a la semana, 24 horas al día Madrid te exige estar siempre a punto. El pelo perfecto, la ropa combinada, las ojeras disimuladas y la sonrisa de medio lado. Las oportunidades de ligar en Madrid se extienden mucho más allá de las discotecas obligándote a estar alerta cada segundo.

Inaugurando nuestro primer Lunes cuatro canciones distintas se emitían desde los despertadores de las cuatro habitaciones. Cuatro duchas y cuatro cafés después cuatro gallegos decidieron poner los pies sobre el asfalto y hacerse con la ciudad.

Juan afrontaba su primer día de trabajo vigilando cámaras de seguridad de una empresa. Tranquilo y seguro de si mismo, con el portátil cargado de 8 horas de porno en alta calidad, auguraba un gran día.

Lucía se dirigía a una multinacional para realizar su primera entrevista de trabajo como ayudante del departamento de Recursos Humanos. Mientras el metro la llevaba al otro lado de la ciudad se imaginaba una y otra vez todas las situaciones y soluciones posibles.

Jacobo tenía una cita a las 9.30 para la presentación de su universidad y otra a las 11.30 con las tiendas de ropa de la Calle Fuencarral. Al llegar a la universidad se enteró de que la presentación había empezado a las nueve de la mañana así que optó por irse directamente a Gran Vía. Al fin y al cabo en G-Star los horarios son menos estrictos.

Al otro lado del a ciudad yo me dirigía a los Estudios Solpor. Mi primer trabajo como becario en una de las mejores productoras en posproducción y yo no encontraba la calle. Y una vez en la calle no encontraba el edificio de edición gráfica. Tras preguntar a una mujer que había salido a fumar un pitillo, me sequé el sudor de las manos a los vaqueros y entré en el edificio donde pasaría los próximos 6 meses.

El trabajo de Juan era mejor de lo esperado: la empresa disponía de una conexión a Internet sin proxis ni cortafuegos. Dejó para más tarde sus 8 horas de porno y decidió explorar las diferentes formas de pornosocialización a través de la red. Cinco horas después Juan chateaba bajo el nick "sex22cm" a través de Gayromeo, Chueca, Bakala, Gaydar, Zenkiu y Manhunt. Cuando la vida no podía sonreírle más descubrió la página revelación del año: Cam4

A 30 euros en taxi Lucía hacía frente a todo tipo de preguntas. Atrás quedaba la cazadora de cuero para dar paso a un encorsetado traje de corte americano. Pero tras su pelo perfectamente recogido, su manicura francesa y su colonia de Carolina Herrera un conjunto de ropa interior de poca costura le daba toda la seguridad necesaria para contestar segura y resulta a todas las dudas. A todas menos a una.

- ¿Qué haría en una situación de acoso laboral?

Lucía se quedó atónita y tras dudarlo dos segundos resolvió levantarse

- Haría exactamente esto

E irse.

Dos horas más tarde la llamaron para decirle que el trabajo era suyo.

Cuatro bolsas de ropa más tarde Jacobo había dado uso a todas sus tarjetas de crédito. Cuando disponía a volverse a casa no pudo evitar fijarse en el escaparate de Jack and Jones. Pidió los vaqueros de la talla 38 del escaparate a un dependiente y este se los llevó amablemente a los probadores. Una vez más reafirmó que no hay nada como unos pantalones de marca para lucir un culo perfecto. Una vez más soltó la tarjeta a cambio de un recibo. Sólo que esta vez, además de un cargo de 90 euros había escritos 9 dígitos de teléfono.

Las siguientes semanas Jacobo disfrutaría del placer del sexo en los probadores y de descuentos en la ropa.

Por mi parte, tras 5 horas delante del ordenador, decidí hacer un descanso para ir a comer. Me habían hablado de un restaurante a 3 calles del estudio así que fui antes de que mi estómago se comiese a sí mismo. Por suerte había una mesa individual vacía frente a la ventana. Por desgracia eso significaba que el resto de ellas estaban ocupadas por parejas y grupos de personas. Me encendí un cigarrillo para hacerme compañía.

- Disculpe, aquí no se puede fumar.

- Lo siento, lo apago ahora mismo.

Guardé avergonzado y malhumorado el tabaco que tan bien acompaña todas las comidas y una remolacha a la plancha y un pavo con crema de champiñones después mi hambre se había extinguido y mi mono renacido.

- ¿Ha sido todo de su gusto?

- Si, gracias. Felicite de mi parte al dueño.

- Puede decírselo usted mismo, está hablando con él.

- Oh... disculpe, yo...

- Tranquilo, no pasa nada. ¿No eres de aquí verdad?

- No, soy de Coruña. Acabo de mudarme.

- Pues entonces me veo en la obligación de ser hospitalario y dejar bien a todos los madrileños... ¿Qué te parece si a esto te invito yo y tu regresas esta noche y pagas la cena?

Era mono. Me pidió que fuese a las 12 de la noche. Me hizo la cena a puerta cerrada y me dejó fumar todo lo que quisiese. Cuando preparaba el postre no pude evitar meter el dedo en el chocolate y del chocolate a mis labios. Él sonrió, se sacó los guantes y decidió que ese postre... se comería con la manos.


Nada es seguro, ni estar en internet, ni ir de compras, ni ir a trabajar o comer en un restaurante. Toda la ciudad tiene luz verde 24 horas al día, 7 días a la semana y 365 días al año para buscar el amor en cualquier rincón. Y mientras este no llega siempre hay luz roja para divertirse.

Sexo en Madrid _ 1x02_ El mundo de la noche

Más de 323 kilómetros de líneas de metro y 318 paradas para dar acceso a más de 12.700 calles. A la una y media de la madruga el metro cierra sus puertas y 26 líneas de buses nocturnos toman el control.

En el epicentro de España hay una ciudad donde nunca se está incomunicado, donde la noche no existe y donde dormir no es una costumbre o una necesidad fisiológica si no una mera opción a valorar que uno lleva a cabo cuando, como y con quien le parece. Eso parece ser Madrid; una de esas ciudades que nunca duerme.

Siguiendo las costumbres locales en nuestra primera noche hubo más sucesos que los redactables en el Cosmopolitan la semana internacional de la moda:

Los controladores aéreos del aeropuerto de A Coruña le regalaron a Lucía tres horas de espera, una cancelación de vuelo, una noche en el hotel más cutre de la ciudad y un visado para su maleta destino Sri Lanka.

A 600 kilómetros de allí Juan y Xacobe acaparaban el espejo del baño haciendo un despliegue cosmético de todas las armas disponibles en el mercado. Mientras tanto yo y mi copa de vino estrechábamos lazos delante de un armario lleno de ropa. ¡Pero así es un sábado noche!

Copa de vino. Ducha, depilación de los bajos fondos, exfoliación facial y afeitado. Copa de vino. Desodorante y pruebas de pantalones. Asesoramiento y sorbo. Pruebas de camisetas, polos o camisas. Asesoramiento y una nueva botella. Elección entre deportivas, zapatos, botas, mocasines o All Stars. Más vino. Cazadoras y complementos. Más vino, peleas por la elección de la música y peinado: cera, gomina, crema de peinado, secador o planchas. Aprobación general frente al espejo. Corrección de granos y/o otras imperfecciones. Chicles y condones en la cartera. Un último sorbo y a perderse en la ciudad.

Una vez dentro de la discoteca y con tres copas de más todo aquello por lo que te has preparado pierde todo tipo de relevancia. La música manda, los chicos se multiplican en cálculos a los que la mente no logra dar respuesta. Sonrisa por aquí, guiño por allá, alguien que te toca el culo, alguien que te roza el brazo, un par que se presentan y un par que se despiden. Y música, y risas, y alcohol, y vuelta a empezar. Como niños en una tienda de caramelos. Cada chico-caramelo con un envoltorio diferente, dulces y salados, de venta a pares o en grupos, con mejor o peor apariencia, con más o menos ropa, con más o ningún resquicio de pudor. A Xacobe un guardia de seguridad le interrumpió una apasionada conversación oral con un chiquillo de 22 centímetros en los baños de Cool. Juan anotaba su tercer número de teléfono en la esquina de la discoteca y mientras tanto el camarero intentaba que yo no tomase nada con más de 24 grados de alcohol.

A las 6 de la mañana 3 chicos volvían solos en metro. Emocionados, excitados, borrachos y solos. Entre una estación y otra comencé a pensar si este no sería un breve resumen de la vida que nos esperaba... un continuo mar de opciones y competencia donde todo nace y se deshace cada noche, una lista interminable de números de teléfono y una consecuente e insoportable resaca.

Esa noche Juan y Xacobe se acostaron juntos y yo no pude evitar pensar en mi ex.

Supongo que hay llamas que aún extintas a veces renacen sin previo aviso para arrasarlo todo. Y supongo que hay llamas que no se pueden extinguir tan fácilmente. Y mientras los bomberos no llegan con agua... siempre nos quedará el alcohol.

Sexo en Madrid _ 1x01 _ Bienvenido a la ciudad



Nueva York tiene 8 millones de habitantes. Madrid tiene 6.

Pero hay más similitudes que vicisitudes. A sus calles año tras año se suman miles y miles de personas buscando cumplir su sueño. En el verano del 2009 Madrid tenía cuatro habitantes más.

Madrid está llena de tradiciones y costumbres. La búsqueda de un piso de alquiler es la primera experiencia vital a la que debe hacer frente cualquier madrileño. Es un regalo gratuito por cortesía de la ciudad como demostración de lo rápido y hábil que has de ser entre sus sábanas. Atrás quedan los cafés de Starbucks y la agenda con cuatro citas inmobiliarias. Madrid late rápido y conseguir un buen piso donde asentarse es una continua competición donde todo vale:

Xacobe, como buen informático y freak que demostró ser desde el primer momento, operaba desde casa realizando contínuas búsquedas de última hora vía internet de los principales portales inmobiliarios. Pero a Xacobe siempre le ha gustado manejar dos cosas entre las manos, por ello, en la pestaña de al lado, realizaba contínuas búsquedas en google de los chicos que podría empotrar contra sus futuros inmbuebles.

Lucía, como buena empresaria hacía sus estudios: El piso entraba a valoración siempre que estuviese dentro de la zona A del metro. Descartables aquellos no amueblados, sin ventanas exteriores a la calle o sin lavavajillas. El piso debía de estar a menos de 200 metros de una parada de metro, debía haber 3 buses urbanos cerca y una linea nocturna para las noches de los fines de semana. Se consideraba indispensable la existencia de un centro comercial y de supermercados en sus inmediaciones, las paradas de taxis y, exigencia mía, una cafetería decente.

Juan y yo hacíamos lo que se llama trabajo de campo: dícese de dos personas que caminan por la ciudad reclutando cada inmobiliaria y cartel de "se alquila" a la vista.

Por suerte mi gusto por la fotografía me permitía utilizar el zoom de mi Kodac para visualizar los números de teléfono que cuelgan desde las ventanas de los pisos más altos de la ciudad. En la memoria de mi disco duro datan 623 fotografías de pisos de aquellos días. Las otras 2000 combinaban lo exquisito de la ciudad con los chicos más emblemáticos que ese día me pude encontrar.

Érase un hombre inseparable de su moto y de su iphone. Érase Juan localizando absolutamente todo vía satélite. Érase Juan llevándome por toda la ciudad sobre sus dos ruedas y aplastando cualquier intento de peinado bajo un casco legalmente obligatorio. Érase Juan un hombre complicado, nunca sabías si llegaría a casa con un novio o con un consolador, o, si en el caso, me llevaba a ver un piso o un área de servicio con servicio cruising.

La solución llegó una madrugada. Mientras Xacobe practicaba el onanismo frente a "El cartero siempre llama dos veces y siempre lleva leche" un anuncio tapó la pantalla del Mac de Xacobe. Un par de clinex después llamó a Lucía a las 2.15 a.m. haciéndo que esta diese su visto bueno a las 2.33 a.m y me llamase a las 2.34 a.m. haciéndome pausar mi capítulo preferido de Dawson´s Creek. A las 7.30 a.m. Jhon era el primero frente a la puerta del piso que finalmente sería nuestro.

Cuatro días más tarde cuatro personas dibujaban cuatro firmas constatando oficialmente su nueva residencia.

Madrid tenía entonces 6 millones y cuatro residentes oficiales.

Sexo en Madrid _ Temporada 1



Erase una vez 4 amigos en medio de una ciudad: Juan, Lucía, Xacobe y yo (Oscar).

Conocí a Juan en mi primera cita a ciegas. Él me esperaba en la entrada del centro comercial y yo, al verlo, me quedé paralizado al lado de él sin querer identificarme. Las citas a ciegas uno debiera ir siempre con una petaca de vodka para romper el hielo. Cuando finalmente me disponía a darle plantón Juan me llamó al móvil y supo que el chico de su cita a ciegas estaba a su lado y que era yo. Tres cervezas más tarde nos reíamos de lo ocurrido y tres citas después sabíamos que nuestra relación sería más vertical que horizontal.

En mi primer día de universidad me perdí intentando llegar a mi clase así que cuando iba a darme la vuelta e irme a casa una provocativa chica de pelo moreno y cazadora de cuero me ofreció ayuda. Esa extraña de prematuro buen gusto para la ropa resultó que se llamaba Lucía, que iría en mi clase los próximos años de universidad, que viviríamos juntos y que la vida nos depararía 8 prósperos y largos años de amistad.

El Halloween de mis 18 años daba una fiesta en casa. Juan me presentó a su nuevo novio. 18 minutos más tarde Pero entré en mi baño para descubrírlos en lo que a mi me gusta llamar... una situación a cuatro patas. Esa vez sí que me fui de verdad y aprendí que todos los baños debieran tener cerrojo. El chico que en cuestión mordía almohada (o pared) se llamaba Xacobe. Un año después habrían roto, al siguiente tenían "sexo libre" y los 6 restantes optaron por mantener una relación con la cremallera cerrada... casi siempre.

Cada uno de su padre y de su madre, diferentes y distintos hasta la saciedad; lo único que teníamos en común es que desde el 2009 compartiríamos piso y empezaríamos una pelea por sobrevivir en el amor y en el sexo en la gran ciudad.

Y así nació... Sexo en Madrid.

jueves, 17 de marzo de 2011

domingo, 13 de marzo de 2011

SEXO EN MADRID x24: Construyendo capítulos


La vida a veces nos cambia en cuestión de minutos. Leonardo DiCaprio decía en Titanic: "haz que cada día cuente". Nunca olvidé esa frase.

Las personas más interesantes que conozco consagran su vida al disfrute de los pequeños detalles: fuman, beben vino, ríen a mandíbula batiente y a la hora de comer apagan el telediario y ven un documental de la dos o una película de su gusto. En mi mundo los más cultos son firmes creyentes de que a veces la felicidad es el resultado de mil actos de ignorancia.

Entonces ¿Cuándo y porqué decidimos tomarnos la vida tan en serio?

En Marzo del 2010 yo ya era un madrileño al uso: corría en el metro, leía todos los periódicos gratuitos con sus miles de desgracias ajenas, trabajaba en una productora que ya no me ofrecía lo que necesitaba, había olvidado el placer de escribir oyendo a Sinatra y hacía más de mil días que no se me ocurría hacer el amor con Ray Charles de telonero. Atrás quedaban los días de fotografiarlo todo, pintar o mantener conversaciones por dispersión; olvidado se quedó en el fondo de un cajón el sino de hacer historias bonitas por su proceso, no por su inmediatez. La vida era una consecución de días y horas sin fines muy concretos.

Un medio día comía pizza mientras veía a Carlos Arguiñano disfrutar como un enano haciendo la comida. Una hora preparando un buen guiso sabe mejor que una pizza con doble de queso. ¿Porqué yo nunca hacía guisos?

En ese momento Lucía pasó por el salón hablando por teléfono con Sergio. A lo tonto ya llevaba dos meses cocinando una relación a distancia, con pocas probabilidades de futuro y grandes riesgos. Sin embargo día a día ella construía algo sin pensar en el mañana, a fuego lento, disfrutando de cada llamada, del placer de tener a alguien en su vida que antes no tenía. Y el concepto en sí era una razón más que suficiente.

Juan seguía con Josete. A pesar de los muchos problemas de alcoba que pudiesen tener ninguno tiraba la toalla en busca de algo mejor. Cada discusión parecía hacer que las diferencias, en vez de expandirse, menguasen. Y a más problemas más pasión. Y a más pasión más celos. Y a más celos más problemas y pasión de nuevo. Un círculo eterno y sin sentido del que ninguno quería salir. En otros tiempos hubiese juzgado alegremente que esa clase de amores son insanos, pero en Madrid uno se pierde tanto que ya no es capaz de decir totalitarismos de ese calibre.

Y luego estaba Xacobe. Lejos de lo que habría augurado Xaco no volvió al mundo de la noche y la perversión, dejó de salir todos los fines de semana, dejó el sexo diario de entre semana. ¿Qué le quedaba? Cambió la decoración de la habitación, se compró una planta y dos hamsters rusos, comenzó a hacer sus primeros periplos informáticos de forma autosuficiente y de vez en cuando se colaba en el messenger para perderse en conversaciones con desconocidos que a base de horas y días comenzaban a dejar de serlo.

Vivían, simplemente vivían. Mis tres compañeros de piso, consciente o inconscientemente, comenzaron a poner color en lo cotidiano, rompieron hábitos y comenzaron a construir cada uno las estructuras de las historias en las que se verían inmersos en no mucho tiempo.

Yo decidí arreglar mi pasado para poder disfrutar de mi día a día, sin fantasmas, sin culpas ni resentimientos. Decidí poner música en mi mp3, cocinar al menos una vez a la semana, volver a llevar siempre un libro conmigo y marcar dos números de teléfono.

De nosotros cuatro todos empezábamos sin saberlo un capítulo nuevo en nuestras vidas. A dos les saldría bien, los otros dos fracasarían.

Y es que en la vida el éxito no está asegurado para nadie, pero atreverte a disfrutar de la vida siempre es mejor que estar quieto por temor al movimiento.

viernes, 4 de marzo de 2011

SEXO EN MADRID x23: Sé lo que hiciste el último fin de semana


ANTERIORMENTE EN SEXO EN MADRID...

Bebí, bebí, bebí.

Oscar - ¿Así que Nacho tiene novio?
Alex - ¡Hola chicos! ¿Qué hacéis?
Joaquí - Oscar se acaba de enterar de que su ex tiene novio


MEDIA HORA DESPUÉS...

Las escaleras parecían bailar al ritmo de la música. Puse una mano en la pared y con su ayuda bajé un escalón. Y luego otro. Y luego otro más.

Nacho tenía novio. ¡Nacho tenía novio! Y yo tenía a un francés al que ni siquiera le había dicho te quiero. Pensé en Nacho, en cómo otros brazos le estarían abrazando en alguna discoteca oscura, en cómo ese capullo estaría robando unos labios que un día fueran mío. Y lo peor de todo, los sentimientos. Nacho no estaba con uno de mis mil chicos de una noche, Nacho tenía a alguien, a una persona estable en su vida, alguien que ocupaba el sitio que un día fue mío. ¿Me había dejado de querer? ¿Y yo? ¿Porqué seguía queriéndolo? ¿Porqué le seguía manteniendo un sitio en mi futuro? Demasiadas preguntas.

Me acerqué a la barra de Alexis.

Alexis - Hola nene ¿No trabajas hoy?
Oscar - Ya terminé mi turno
Alexis - Pues dime ¿Qué te pongo?
Oscar - Un vodka negro
Alexis - ¿Con cocacola?
Oscar - No, sólo.

Un sorbo. Estaba dulce y frío. Perfecto. Ya me sentía mejor. El vaso pronto empezó a sudar por la diferencia de temperatura y yo decidí hacer lo mismo: caliente por fuera y frío por dentro. Bloqueé cualquier pensamiento y corté la cinta de los instintos...

Mil chicos bailaban a mi alrededor. Chicos de camisa, polos, camiseta, tirantes o con el pecho al desnudo. Dejé que el sonido entrase dentro de mi y me mezclé entre la testosterona. Demasiado alto, demasiado femenino, demasiado jipi. Bingo. Trago al canto, me relamo y me acerco.

Oscar - Hola

Intento parecer sobrio, luzco la mejor de mis sonrisas e intento intimidarle

Oscar - ¿Tienes nombre?
X - X
Oscar - Encantado, yo Oscar

Descarado me acerco para darle dos besos. El primero en la mejilla, dejo que sienta mis labios. El segundo más cerca de la comisura de la boca. Al distanciarme busco encontrarme con sus ojos.

Oscar - ¿Has venido sólo?
X- No, he venido con unos amigos
Oscar - Ahm... ¿Y te puedo presentar a alguien?
X- ¿A un chico?

Mierda.

Oscar - Si, ¿Prefieres chicas?
X - No, no, soy gay.

¡Uf...!

Lo tomo de la mano, el la acepta; lo llevo a una esquina de la discoteca y me paro.

Oscar - ¿Seguro que quieres conocerlo?
X - Si claro, ¿Porqué no?
Oscar - Esta bíen...

Me separo, le sonrío y le tiendo la mano de nuevo

Oscar - Encantado, yo soy Oscar.

X se queda perplejo, luego se ríe, yo me tranquilizo y me río con él. Toma mi mano, yo la estrecho y la acerco a mi, él se deja, dejo mi cara cerca de la suya y espero su respuesta. Él se queda mirándome a los ojos, a dos centímetros de mi boca, sonriente, desafiante. Yo no tengo paciencia.

Lo beso, lo beso lento, dulce. Luego más rápido. Sin despegar mis labios dejo una mano agarrando su costado mientra con la otra le acaricio la cabeza... la nuca... la espalda... el culo... buen culo. Él aprende rápido. Repite cada uno de mis movimientos, como si fuesen permisos concedidos. Nos apretamos el uno contra el otro. Ya no recuerdo su nombre y honestamente me da igual. Besa bien, tiene buen culo y va a hacer que las siguientes 3 horas de mi vida mi mente se siente en un banco a dormir mientras mi cuerpo practique cada uno de los pecados carnales.


3 HORAS MÁS TARDE...

Camino sólo hacia casa. No sé donde están los demás, me da igual. Mi mente empieza a reactivarse. Nacho. Maldito Nacho. Querría que lo fuese todo para mi. Nacho debía de ser ÉL hombre, no un hombre más.

No puedo contenerme. Saco el móvil del bolsillo, busco su número. Miro su nombre. Nacho. Me detengo un par de segundos. Vuelvo a andar

Oscar - ¿Nacho?
Nacho - ¿Qué pasa? ¿Estás bien?

Su voz. Sólo oírlo me hace llorar.

Oscar - Sé que no puedo hacerte esta pregunta pero necesito hacerlo
Nacho - ¿Qué pregunta?
Oscar - ¿Estás con alguien?
Nacho - ¿Porqué lo preguntas Oscar?

Ya está. Es un sí. Todo está perdido y soy el colgado del ex que llama a las 6 de la mañana para arrastrarse tras haberle puesto los cuernos a su ex.

Oscar - No consigo olvidarte Nacho

E aquí las lágrimas. Todo se desata. Esta vez no lo paro. Dejo que el dolor fluya; en cierto modo es todo un alivio poder ser honesto conmigo mismo.

Nacho - No estoy con nadie Oscar. Yo te quiero... pero ambos sabemos que no puede ser.
Oscar - Lo sé... te quiero...perdóname.


2 DÍAS DESPUÉS:

Vincent - ¿Y pretendes que después de toda esa historia te perdone?
Oscar - ¿Sí?


MEDIA HORA DESPUÉS

Lucía - ¿Y te perdonó?
Oscar - ¡No!
Xacobe - Te dije que no se lo dijeras...